Angela Caccia (Italia)

Piccoli forse

Primer Premio Poesía Editada 2017

non ti curare, si viaggia tutti

con un'Itaca nel cuore e il puzzo

di un incendio domato addosso

Piccoli forse. Lieto Colle, Faloppio (Italia), 2016

Disuelta en el verso definitivo de estos estupendos Piccoli forse, sorprende una mística del anti-palabra.

Como volviendo a entrar en el templo de Delfos, es decir en el momento que separa la claridad de la pregunta de la ambigüedad de la respuesta, Angela Caccia vuelca la jerarquía entre los humanos opuestos: no el día, sino la noche; no la razón, sino el sueño; no la palabra, sino el silencio. En esta reestructuración antropológica, el tema del lenguaje vuelve constantemente para indicar una insuficiencia, la de la palabra, que nunca puede coger lo esencial y a la que el hombre ingenuamente confía el desvelamiento de su camino:

 

las palabras intentan el trazado

de un camino iniciático

 

y es siempre la misma

paradoja: la estación de partida

es la de llegada

y en otra parte:

Yo soy no cuenta, es un falso

de autor, un cazador de infinitos

no tiene nombre

 

Ese yo soy es una palabra, el nombre que define – eso es: delimita, obliga, atenaza – un sujeto cuyo destino es, al contrario, abrirse el camino hacia un infinito (es poderosa la imagen primitiva de la caza, que reenvía al hambre, a lo indispensable) que la razón no alcanza ni el lenguaje puede expresar – y cuando lo intente expresar, no lograría más que una angustiante autorreferencialidad. La revelación procede desde algún más allá, signifique esto desde el padre

 

sentado sobre esta luna

de balancín, que me miras

- así te imagino – y borras

las palabras que yo no soy

o desde los locos que

tienen prendida una cualquier

chispa – y perdido el propio nombre –

se sienten dentro del nombre de todos

 

¿Acaso el loco no es quién sabe reconocer la “broma” que se repite cada mañana? Porque, bien es sabido, son

 

los labios de la mañana, inviolados

todavía por la palabra

Si la palabra, más que desvelar, oculta, la poesía – que sí es palabra, pero abismal, analógicamente infinita –, nos acerca a la orilla

sucede que una palabra

una sola palabra te encamine

choque tus paredes

y se haga campo

y sin embargo le toca al silencio – la noche entre dos palabras – entreabrir el paso (aquí está la disolución de la palabra, la mística) hacia algún infinito. Por ello es recomendable

hablarnos callando un puente

y por ello

sostén conmigo este silencio

de cosas verdaderas – sudor que

la noche secreta y te cae dentro

sin darte escape

(Alberto Asero)

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